El único color del antifascismo

Oleg Yasinsky

Recientemente, Rusia promulgó una ley que penaliza la negación o justificación de los crímenes cometidos por los nazis contra el pueblo soviético durante la Segunda Guerra Mundial. Desde 2014 en el Código Penal ruso estaba incorporado este delito como "rehabilitación del nazismo", prohibiendo negar o justificar los crímenes del régimen nazi en general, difundir información falsa sobre el papel de la URSS en la Segunda Guerra Mundial y comparar a la URSS con la Alemania nazi, como está de moda en algunos países.

Pero esta nueva ley por primera vez jurídicamente define los crímenes nazis como genocidio, concepto que antes no estaba formalizado en la legislación rusa y que ahora penaliza no solo el hecho de negar, sino también el hecho de minimizar o relativizar ese genocidio. No es un asunto formal, pues en un mundo que con la complicidad de los grandes medios se reescribe la historia y donde para la narrativa occidental dominante ya no existen fronteras nacionales, la defensa de lo obvio —como lo llamaba el gran antifascista alemán Bertolt Brecht— se convierte en una tarea urgente de Estado.

La historia ahora no solo se tergiversa, también se convierte en un producto mediático de consumo, disfrazado de "verdades desideologizadas", de fácil digestión para el público que evita dudas e incomodidades.

Su efecto devastador se parece al de las bombas camufladas en juguetes infantiles. El ciudadano común pierde definitivamente todas las referencias políticas e históricas y termina mutilado mentalmente, convirtiéndose en un votante ideal para el sistema que se autodenomina democrático.

Con esta construcción cognitiva, el actual proceso de resurgimiento del nazismo se ha puesto en marcha a escala mundial. Cuenta con varios mecanismos psicológicos distintos. Analicemos uno de ellos, el más evidente y, tal vez, el más escandaloso.

El Estado de Israel, en nombre del pueblo judío, de forma descarada, a diario y con una total impunidad, comete crímenes atroces, para los que no existen justificaciones que valgan. Millones de personas en los países más diversos del mundo se sienten indignadas y horrorizadas. Pero la mayoría de ellas ya pertenecen a las generaciones más ignorantes de la historia, que no entienden nada de política y lo único que saben sobre el nazismo, de una lejana guerra en Europa, es que "Hitler mataba a los judíos". Ahora, viendo las noticias en vivo y en directo de las atrocidades de Israel, comienzan a admirarlo y a justificar el nazismo.

De este modo, con sus propios crímenes, el sistema está armando su defensa más sólida. Enfrentar a los pueblos que juntos podrían y deberían rebelarse contra él. Lo mismo que hicieron los nazis en Europa hace un poco menos de un siglo.

Afirmar que los gobiernos israelíes defienden los intereses del pueblo judío es una aberración tan grande como pensar que Zelenski representa los intereses del pueblo ucraniano. Pero siempre y en todas las partes de la sociedad tenemos una colosal masa crítica de ignorantes e idiotas agresivos que, para no agotar sus escasos cerebros ni su precaria conciencia, están dispuestos a buscar culpables en naciones enteras. Y justamente esa es la lógica de cualquier fascismo, que no tiene nacionalidad, porque, lamentablemente, no existe un pueblo que le sea inmune.

Tras el genocidio por parte del nazismo alemán, estamos viendo que ahora muchos judíos se convirtieron en nazis. Esto nos hace suponer que, si cambia el guion político, después de su genocidio por parte del nazismo judío, muchos palestinos también podrían mutar en nazis. Solo bastará con hacer públicas supuestas "revelaciones" de los nuevos líderes de opinión y Netflix producirá sus series sobre las víctimas de Gaza y los protagonistas, manipulados por los lemas y las modas, ni se darán cuenta para qué son usados. El nazismo es así, altamente contagioso y difícilmente curable. Pero hay un remedio infalible.

Existe un denominador común de todos los nacionalistas, racistas, antisemitas, islamofóbicos y otras especies antihumanistas del mundo: su acérrimo anticomunismo.

Los grandes genios de la manipulación de nuestra conciencia, al servicio del poder corporativo, odian y temen a la verdadera izquierda por una sola razón: los seres humanos que profesan el internacionalismo y la hermandad de los pueblos, amenazan a este sistema fabricante del nazismo, mucho más que cualquier fanatismo religioso o político.

Porque el fascismo hitleriano fue derrotado por los representantes de los ideales de la fraternidad humana y en sus banderas rojas no hubo distinción alguna entre los matices de la sangre judía, musulmana o eslava. Precisamente por eso, este color es tan odiado hoy por los manipuladores de todas las naciones, que por órdenes del poder nos siguen inyectando la ignorancia, castrando nuestra memoria histórica.

Es triste y doloroso observar cómo, en un mundo que construye toda su lógica de desarrollo en la desigualdad, explotación y saqueo del más débil, el discurso oficial es sobre la tolerancia y el respeto, que se utiliza solo como un telón para cubrir sus contradicciones esenciales, que son el resorte político del resentimiento social que acumula su presión hasta reventar en estallidos de extrema irracionalidad y violencia. Para salvar sus grandes poderes, negocios y capitales, los dueños de verdad nos contarán su cuento preferido sobre "guerras de civilizaciones" o de religiones, para después con el dedo indicarnos, al vecino tan pobre o un poco menos pobre que nosotros, como al principal responsable de todos nuestros males. 

Los crímenes de Israel cumplen uno de los principales objetivos de su Gobierno y sus dueños de EE.UU., incentivan la judeofobia por el mundo, que se utilizará también como justificación para mantener a la población israelí bajo la propaganda sionista. Lo que buscan ellos es más antisemitismo, para que haya más islamofobia con el fin de dividir y controlar, para hacernos olvidar el color de las banderas que alguna vez en la historia unieron a la humanidad en una victoriosa lucha contra el nazismo. Fue el humanismo comunista el que le dio valor a todos los pueblos sin distinción alguna, el único que pudo enfrentar al nazismo. Justamente por eso hoy es tan difícil combatirlo.