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Lenguas de la URSS (desmintiendo a Zelenski)

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Lenguas de la URSS (desmintiendo a Zelenski)

Juntar a Zelenski y Laura Loomer, una fanática sionista con marcada tendencia a creer en conspiraciones —especialmente las que no existen—, no podía dar sino como resultado una entrevista que puede resumirse en "miénteme cuanto quieras, que igual yo te creo todo".

En uno de esos muchos intercambios de falsedades, el autoproclamado presidente por tiempo indefinido de Ucrania se sacó de la manga su narrativa victimista de que el ucraniano y otras lenguas habían sido oprimidas ferozmente en tiempos soviéticos. Y ello nos brinda una buena oportunidad para profundizar en cuál fue en verdad la política lingüística soviética —la misma que Zelenski califica de "asesina de idiomas"— y cómo esta impactó (o dejó de impactar) en según qué países del espacio postsoviético.

"Nacional en la forma, socialista en el contenido"

Para empezar, en la Unión Soviética no solo no se prohibió el idioma ucraniano, sino que, de hecho, se 'desprohibió', ya que había sido proscrito durante la época zarista. El primer estándar unificado del ucraniano se estableció en la Ucrania soviética, donde esa lengua era, dependiendo de la zona, el idioma principal para casi todas las materias o una asignatura en sí misma en las escuelas primarias. Hubo revistas, editoriales, compañías teatrales y libros publicados en esa lengua, así como también fue aceptada en no pocos niveles administrativos. ¡Qué original manera de asesinar una lengua la del Kremlin, ¿verdad?!

Este tratamiento no se trataba de algo excepcional, sino que era parte de la política de Estado soviética: por más que la narrativa hegemónica afirme que la Unión Soviética trató de homogeneizar a toda su población alrededor de Rusia, el país estaba organizado como una federación de repúblicas y territorios autónomos donde desde el poder central se promovió la identidad nacional correspondiente y la formación de administraciones y élites pertenecientes a la nacionalidad correspondiente. Por ejemplo, los gobernantes —y la mayoría del funcionariado— de la República Socialista Soviética de Lituania eran étnicamente lituanos, los de la República Socialista Soviética de Uzbekistán uzbekos y así sucesivamente.

Si se hubieran reprimido las diversas identidades nacionales del país en favor de una Rusia aplastante, la Unión Soviética no hubiera existido durante siete décadas

Obviamente, el idioma ruso era una lengua de uso común para todos los pueblos y nacionalidades que constituían la Unión Soviética: hubiese resultado imposible cohesionar a un país tan inmenso y diverso sin disponer de una lengua común y lógicamente se recurrió a la mayoritaria. Pero la cultura de cada pueblo y nacionalidad en el territorio soviético estaba muy presente, no solo en forma de idiomas co-oficiales, sino también de música, vestimentas, héroes y tradiciones propias.

De hecho, desde tiempos de Stalin, se promovió una doctrina conocida como "nacional en la forma, socialista en el contenido". Es decir, el elemento aglutinador soviético no era una única nacionalidad impuesta, sino canalizar las diversas nacionalidades y culturas a través de la ideología socialista. Tengan por seguro que, si tal como afirma Zelenski, se hubieran reprimido las diversas identidades nacionales del país en favor de una Rusia aplastante, la Unión Soviética no hubiera existido durante siete décadas, sino, como mucho, habría llegado a cumplir una.

Indiscutibles testimonios culturales

Claro, alguien podría decir que todo eso no era más que papel mojado, pero los ejemplos de todo tipo abundan. Si nos fijamos en el cine, la variedad lingüística de la Unión Soviética se presenta en todo su esplendor, con films rodados en idioma georgiano, armenio, uzbeko, ucraniano y casi cualquier lengua que se hablara en el país.

Como nota pintoresca, cuando no tragicómica, si uno busca en Internet cosas como "mejor film ucraniano de todos los tiempos" o de forma análoga con "estonio" o "lituano" —por nombrar tres casos cuyas actuales dirigencias nacionalistas lloran un día sí o no con que Rusia oprimió su cultura e idioma en tiempos soviéticos—, la respuesta invariable del buscador son filmes soviéticos rodados en esas lenguas.

Por ejemplo, 'Sombras de los ancestros olvidados', de 1964, rodada en ucraniano; 'Sentimientos', de 1968, rodada principalmente en lituano, y 'La última reliquia', de 1969, rodada en estonio, son recordadas por crítica y público ucraniano, lituano y estonio, respectivamente, como las mejores producciones cinematográficas de la historia en sus idiomas. Y todas son producciones soviéticas. Hagan ustedes mismos la prueba con su navegador de preferencia si no me creen.

Además, a juzgar por ese ejercicio de nostalgia cinematográfica, parece que tras su 'independencia', ciertas naciones abandonaron su propia cinematografía para dedicarse a importar películas de Hollywood. Pero eso es otro asunto.

Alfabetización y protección de las lenguas

Como ven, lejos de reprimir y acabar con idiomas, la política soviética fue la de protegerlos y promoverlos. Es más: no solo no se "asesinó" lenguas, sino que, en algunos casos, algunas de ellas hoy siguen vivas gracias, justamente, a aquella política.

Y es que lenguas indígenas que, en pleno siglo XX, todavía carecían de una estructura moderna estandarizada, como el chukchi, el evenki o el nenets, comenzaron a usarse en el sistema educativo y a aparecer en publicaciones impresas en las regiones donde estaban presentes. En otras se modernizaron sistemas escritos ya existentes.

Por poner un ejemplo al azar, aunque no le guste mucho que se lo recuerden, Kaja Kallas aprendió a leer y escribir en idioma estonio en una escuela soviética

Eso por no hablar de las tasas de alfabetización: poco antes de incorporarse a la Unión Soviética apenas el 2-3 % de los uzbekos, kazajos o kirguisos sabían leer o escribir. Para el final del periodo soviético, las tasas de alfabetización rozaban el 100 %. En sus propios idiomas también. Caramba con la dizque "represión soviética contra idiomas que no fueran el ruso", ¿verdad que sí?

Pero quizás la prueba más contundente del respeto, protección y promoción de la Unión Soviética con lenguas distintas al ruso es que, tras su disolución, las nuevas repúblicas independientes no tuvieron que realfabetizar a su población. Es decir, los estonios no tuvieron que aprender estonio, ni los uzbekos uzbeko ni los ucranianos ucraniano, porque eran lenguas presentes regionalmente en el sistema educativo soviético. Por poner un ejemplo al azar, aunque no le guste mucho que se lo recuerden, Kaja Kallas aprendió a leer y escribir en idioma estonio en una escuela soviética.

Una huella visible en el presente

Sin embargo, esta historia no termina acá y el bulo de Zelenski sigue engordando a cada minuto que pasa. ¿Cómo? Echemos un vistazo a la realidad idiomática postsoviética para comprobarlo.

En buena medida como parte de la herencia soviética, en la Rusia actual existen alrededor de un centenar de lenguas con diferente peso demográfico y, según el caso, nombres exóticos, entre ellos el buriato, el dolgano, el janti y el komi-permio, por nombrar solo un puñado de ellos. Además del ruso, oficial en toda la federación, 25 lenguas tienen estatus de cooficialidad en diferentes regiones. Por ejemplo, el tártaro, hablado por más de 4 millones de rusos; o el checheno, chuvasio y baskir, también cooficiales y con alrededor de un millón de hablantes cada uno dentro de Rusia.

¿Y saben qué otro idioma tiene estatus de cooficialidad dentro de Rusia? Sí, el ucraniano, reconocido como co-oficial en la península de Crimea.

¿Creen que la mentira de Zelenski ya ha sido completamente ridiculizada? Pues no, porque queda el toque final. Y es que ¿adivinan cuántas lenguas oficiales y co-oficiales son reconocidas como tales en Ucrania? Pues un total… de una: el ucraniano.

Todas las demás —que las hay, como el ruso, tártaro, rumano o húngaro— no son reconocidas oficialmente, empezando por el ruso, pese a que según los propios datos oficiales de Kiev —cuando todavía los divulgaban— es hablada por un tercio de la población dentro de las llamadas "fronteras de 1991" y siempre fue mayoritaria al sur y este de ese territorio que el ultranacionalismo ucraniano perdió en buena parte, precisamente, por haberse convertido en un régimen "asesino de idiomas". Qué vueltas da la vida, ¿verdad?

De modo que, como ven, no solo la narrativa de Zelenski y aliados está llena de bulos, sino que, cuando se investiga a fondo si son ciertos los crímenes de los que acusan a otros, invariablemente termina descubriéndose su falsedad y, más importante aún, el hecho de que quienes en verdad los cometen no son otros que ellos mismos.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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