Más allá de lo sabido sobre las elecciones del 3 de noviembre en EE.UU. —que resultaron en una paliza en forma de referéndum al presidente Trump y otorgaron a los demócratas el control del Congreso bicamaral—, un evento de enorme alcance electoral y de proporciones históricas, poco abordado, se escenificó en el estado de Texas, con un historial de por sí rebelde en el seno de la Unión Estadounidense. Se trata de un 'cisne negro' que surgió al norte del río Bravo (Río Grande, para los estadounidenses) y que expone su desbordante remexicanización desde California hasta Texas.
El vuelco electoral de Texas —estado petrolero/gasero, primero en ganadería bovina y sede de la NASA— a favor de los demócratas no es menor: 37,71 millones de habitantes; una superficie de 695.662 kilómetros cuadrados, la segunda detrás de Alaska; el segundo PIB del país, con 3 billones de dólares, solo por detrás de California; y la octava economía a escala global. En el colegio electoral, que define la elección presidencial indirecta, Texas cuenta con 40 votos electorales, frente a los 54 de California.
Después de más de 30 años —desde el fin de la era demócrata con Lyndon Johnson/Ann Richards— de unipartidismo blanco republicano, el 3 de noviembre los demócratas se hicieron con la mayoría de los cargos estatales. Brillaron intensamente los triunfos de Gina Hinojosa, católica antiwoke de origen mexicano, que desbancó al gobernador republicano Greg Abbott —que parecía invencible— con una diferencia muy cómoda de más de 7 puntos, y de James Talarico, presbiteriano anti-AIPAC (el 'lobby' israelí en EE.UU.), quien obtuvo un escaño en el Senado que los demócratas no ganaban desde hacía 38 (sic) años.
Cabe enfatizar que Hinojosa es la primera gobernadora de origen mexicano de Texas y que, por conveniencias geopolíticas —por ejemplo, el contencioso historial geopolítico entre Texas y México—, la muy polémica y sesgada racial y teológicamente Oficina del Censo de EE.UU. prefiere calificarla de 'latina/hispana'.
Conviene aclarar la diferencia que existe entre 'latino' —originario de Latinoamérica— e 'hispano' —que se refiere al idioma español—, son términos similares, pero no idénticos cuando un estadounidense puede hablar español sin ser latino.
Hay que remarcar que los discriminados 'mexicanos' constituyan un mínimo del 83 % (sic) de los 'latinos/hispanos', según Texas Demographic Center. Solo en los condados fronterizos (Hidalgo, Starr, Webb, etc.) el porcentaje supera el 90 %. Así las cosas, frente a las tergiversaciones deliberadas de la Oficina del Censo, 4 de cada 5 'hispanos/latinos' de Texas son de origen mexicano. Y eso que las estadísticas de los 'blancos' son ostensiblemente desfavorables a los mexicanos.
Nada menos que el todavía gobernador republicano de Florida —tercer lugar en población (23,5 millones) y cuarto lugar en PIB—, Ron DeSantis, el único que conservó la primacía de su partido con una impactante votación favorable, comentó en forma dramática que los resultados electorales, "cercanos a un de evento nivel extinción", constituyeron un "golpe meteórico", ya que "llamarlo una ola no creo que sea del todo preciso. Es el equivalente político de un impacto de meteorito que se extendió por todo EE.UU.: estados azules (demócratas), estados rojos (republicanos), todos los que están en medio, y el único estado que pudo mantener la línea y resistir eso está justo aquí, en el estado libre [sic] de Florida".
¿Inició la balcanización de EE.UU. anunciada por el decano diplomático ruso Ígor Panarin?
El apesadumbrado Ron DeSantis exclamó en forma dramática: "Esto está cerca de un evento de nivel extinción para los republicanos en muchas partes del país, probablemente el peor en los últimos 100 años [sic]". Sobre el golpe estratégico asestado a los republicanos en Texas, comentó: "Si el Partido Republicano no tiene a Texas como ancla, no vamos a ser viables a nivel nacional en el futuro". El todavía gobernador de Florida agregó que la "joya de la corona" republicana que es Texas "ha sido el estado republicano más importante de este siglo. Una victoria demócrata en las elecciones estatales y la posible captura de la legislatura le quitan uno de los pilares del moderno Partido Republicano, una gran perdida".
Cabe señalar que DeSantis es desde ahora precandidato presidencial por el Partido Republicano para 2028, junto a otros siete aspirantes de los dos partidos. Incluso se especula que pueda formar candidatura conjunta con el hoy favorito J.D. Vance, quien no solo goza del apoyo del primogénito del presidente estadounidense, sino que se ha desmarcado de la guerra en Irán y de la polémica israelización de Trump.
Ya que hablamos de extinciones, llama ostensiblemente la atención el derrumbe de la votación de los 'blancos' en general, que fue solo del 51 % a favor de los republicanos y el 48 % para los demócratas. Curiosamente, el 59 % votó en Texas por el gobernador Greg Abbott, que no pudo resistir la ola demográfica electoral de los mexicanos más que la ola azul de los demócratas en sí.
¿Es el inicio del fin del supremacismo blanco, al unísono de la generalizada desisraelización del electorado estadunidense?
Sea como sea, el factor del genocidio indeleble en Gaza pesó enormemente en el consciente colectivo y en la mentalidad de los jóvenes estadounidenses.
Texas ostenta el segundo mayor número de 'blancos no hispanos': casi 12 millones (6,1 % del total nacional), detrás de California, con 13,6 millones (7 % del total nacional). Tampoco se puede soslayar que el 65 % de los votantes 'independientes' en Texas votaron por los demócratas.
Resultan muy interesantes los 100 años (sic) que postula el gobernador DeSantis como parte trágica de un ciclo generacional, y que la realidad de Texas plasmó exquisitamente con el triunfo demócrata de la gobernadora (más de 30 años después) y del senador Talarico (38 años).
Ya que hablamos de ciclos generacionales, vale la pena mencionar los dos libros de William Strauss y Neil Howe: 'Generations' (1991) y 'The Fourth Turning' ('El cuarto giro', 1997), con una visión muy anglosajona y biologista de EE.UU., que supuestamente se mueve en ciclos recurrentes cada 80-100 años denominados 'saeculum', a su vez dividido en cuatro 'giros' de 20 a 25 años cada uno.
A juicio de Neil Howe, el cuarto giro —una "crisis millennial" en toda regla— comenzó en 2008 con la crisis inmobiliaria e implica la toma del poder por los afectados entre 2020 y 2030, lo que obligará al retiro de los 'baby boomers'.
Mas allá de las respetables críticas al reduccionismo simplificador de 'El cuarto giro', pareciera que pudiera aplicarse en particular a Texas más que a otros estados de EE.UU.
En Texas, la feroz política antimigratoria del ICE fue severamente castigada en las urnas al pasar en solo dos años del 55 % al 70 % a favor de los demócratas, con mayor impacto en el epicentro del choque telúrico: el sur (Valle del Rio Grande), de donde proviene la gobernadora Gina Hinojosa, quien se vio favorecida por la combinación de cuatro grupos de votantes: los mexicanos de origen, los jóvenes, los afroestadounidenses y los 'independientes'.
Vale la pena precisar los datos, de carga geopolítica que confunden deliberadamente, de la Oficina del Censo que, al unísono del Texas Demographic Center, señala que de los 12,6 millones de latinos/hispanos "casi el 80 % (cerca de 10 millones) es de origen mexicano", cifra que, a mi juicio, está subestimada y podría ser mucho mayor debido a la discriminación histórica y geopolítica, así como a la persecución del ICE.
Paralelamente a la votación del primer mexicano a la gubernatura de California —donde también los mexicanos son mayoría—, Xavier Becerra es el primer mexicano-estadunidense 'elegido' (sic) (Romualdo Pacheco asumió el cargo en 1875 por sucesión). ¿Con el ascenso de la mexicana católica antiwoke Gina Hinojosa, se remexicaniza el sur de EE.UU.?