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Irán no se rendirá. ¿Puede Rusia darle a Trump otra salida?

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El experto en Oriente Medio Farjad Ibraguímov analiza el acercamiento de Teherán a Moscú, que abre espacio para un acuerdo que podría proteger los intereses iraníes y darle a Washington una victoria política.
Irán no se rendirá. ¿Puede Rusia darle a Trump otra salida?

El 5 de noviembre, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, se reunió en el Kremlin con el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezaei, durante la visita de trabajo del funcionario iraní a Moscú.

Según el Kremlin, ambas partes debatieron el desarrollo de la cooperación bilateral en el marco del Tratado de Asociación Estratégica Integral, así como cuestiones internacionales y regionales, con especial atención a la situación en el golfo Pérsico y Oriente Medio. El Kremlin también confirmó que Rezaei transmitió un mensaje del líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí.

Es bastante notable que a la reunión también asistieran el asesor presidencial Yuri Ushakov y el jefe de la Dirección Principal del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Rusia, Ígor Kostiukov. Aunque no se han revelado los detalles de la conversación, la presencia de Kostiukov sugiere que las discusiones probablemente se hayan extendido más allá de las relaciones políticas y hayan incluido cuestiones urgentes de seguridad, que son de máxima importancia para Irán.

Rezaei es una figura influyente en el panorama militar y político iraní. Como ex comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), goza de una sólida reputación en los círculos militares; además, mantiene vínculos de larga data con clérigos influyentes. El nombramiento de Rezaei como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y la tarea que se le encomendó, entregar personalmente un mensaje de Jameneí a Vladímir Putin, indican el alto nivel de confianza que el líder supremo de Irán deposita en él. Por ello, su viaje a Moscú tiene un peso considerable. Rezaei aboga por una sólida alineación estratégica entre Irán, Rusia y China, al considerar que estas relaciones son cruciales para la seguridad de Irán y para una política exterior independiente. Su visita reafirma que el fortalecimiento de los lazos con Moscú cuenta con el respaldo del más alto nivel en Teherán.

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Otro aspecto importante es la rapidez con la que Rezaei llegó a Moscú. Una llamada telefónica entre Putin y Rezaei tuvo lugar el 2 de noviembre y, apenas tres días después, se produjo el encuentro personal, en el que fue entregado el mensaje del líder supremo. Esto indica que el asunto no podía resolverse a distancia ni a través de los canales diplomáticos habituales. Tal urgencia resulta comprensible. Tras ocho meses de guerra, tanto EE.UU. como Irán exploran posibles avances diplomáticos mientras se preparan para una eventual reanudación de las hostilidades. Las fuerzas estadounidenses en la región están listas para una campaña breve e intensa si el presidente de EE.UU., Donald Trump, la autoriza. El propio Trump ha declarado que actualmente no tiene planes de lanzar nuevos ataques, pero sigue dispuesto a actuar si lo considera necesario. Sin embargo, Teherán entiende que esas afirmaciones no excluyen ataques futuros. Por consiguiente, la dirigencia iraní no puede confiar en las declaraciones públicas de Washington, sino que debe tener en cuenta la probabilidad de una nueva escalada y determinar con qué tipo de apoyo puede contar el país.

Esta incertidumbre se agrava por los debates en torno al posible uso de armas de destrucción masiva. El periodista estadounidense Tucker Carlson afirmó recientemente que Trump estaba considerando un ataque nuclear contra un sitio cercano a Natanz, una de las principales instalaciones nucleares de Irán. Trump respondió que no había necesidad de un ataque de ese tipo; no han surgido nuevas confirmaciones de las aseveraciones de Carlson. Aunque funcionarios estadounidenses citados por los principales medios occidentales aseguran que Washington no tiene intención de utilizar armas nucleares, esas garantías son insuficientes para Teherán.

Al mismo tiempo, se desarrolla un debate sobre las armas químicas. Según informes recientes, Israel comunicó a EE.UU. que Irán supuestamente está contemplando su uso. Algunos funcionarios estadounidenses ven esas versiones como un intento de presionar a Washington para que reanude operaciones militares a gran escala. Mientras tanto, los países del golfo reaccionaron con escepticismo a esas noticias. El propio Irán niega categóricamente poseer armas químicas. Incluso si la probabilidad de escenarios extremos es baja, este tipo de discusiones obliga a la dirigencia iraní a contemplar los peores escenarios y a buscar apoyo externo.

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La visita de Mohsen Rezaei a Moscú adquiere una importancia especial en medio de la evolución de las relaciones entre EE.UU. y Rusia. Trump explicó su decisión de no imponer nuevas sanciones a Rusia por el deseo de no alterar las negociaciones sobre Ucrania. Washington está interesado en mantener el diálogo con Moscú, y Rusia también está abierta a ello. Sin embargo, Rusia no tiene intención de sacrificar su relación con Teherán.

La recepción pública del emisario iraní en Rusia envía una señal clara a quienes esperan que el deshielo entre Rusia y EE.UU. pueda producirse a costa de Irán o que Moscú abandone sus intereses para complacer a la Casa Blanca. El mensaje es claro: Moscú elegirá a sus socios de forma independiente, y su relación con Teherán tiene valor propio.

Para la dirigencia iraní, esta reunión representa una oportunidad de reafirmar el interés mutuo en la cooperación y discutir cómo impulsarla en las circunstancias actuales.

También hay un aspecto pragmático. A medida que el papel de Rusia en la cuestión iraní se vuelve más prominente, hay más razones para que Moscú participe en la resolución del conflicto. El 21 de octubre, el presidente Putin expresó la disposición de Rusia a ayudar a abordar la crisis en torno a Irán. Los contactos de alto nivel con Teherán dan peso a esa declaración de cara a posibles negociaciones: se está hablando de una reunión entre líderes, incluidos Putin y Trump, al margen de la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se celebrará los días 18 y 19 de noviembre.

Rusia dispone de medios para facilitar una resolución, y la ausencia de obligaciones de defensa mutua con Irán no anula esa capacidad. Moscú mantiene lazos con Teherán y al mismo tiempo se relaciona con Washington. Esta posición permite a Rusia actuar como mediador y ofrecer una plataforma para conversaciones, algo que Irán desea explorar, dado que lograr una paz duradera es crucial para evitar nuevas acciones militares.

Tras la derrota de los republicanos en las elecciones de medio mandato, Trump tiene aún más razones para buscar una solución diplomática. La guerra con Irán ha contribuido al descontento de los votantes, y su continuación puede traducirse en pérdidas políticas internas más severas. Sin embargo, también existe la posibilidad de que el presidente estadounidense recurra a la acción militar para demostrar determinación y probar que puede alcanzar sus objetivos pese a cualquier oposición. Aun así, otra campaña de bombardeos no garantizará una victoria para Trump. Si Teherán vuelve a resistir la presión y se niega a aceptar los términos estadounidenses, Trump tendrá que explicar por qué el uso de la fuerza no produjo los resultados prometidos. El costo político golpearía con fuerza tanto a él como al Partido Republicano. En este contexto, la mediación rusa también podría resultar beneficiosa para Washington. Moscú podría ayudar a las dos partes a formular acuerdos que permitan a Irán salvaguardar sus intereses, al tiempo que ofrecen a Trump una victoria diplomática que pueda presentar ante la opinión pública estadounidense. Eso requeriría que ambas partes estén abiertas al compromiso, pero todavía hay espacio para la diplomacia.

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En este contexto, la visita de Rezaei a Moscú adquiere un significado considerable. Señala que Teherán ve en Rusia a su principal socio político y a un posible aliado que podría ayudar a resolver la crisis. Para Moscú, esto representa una oportunidad de fortalecer sus lazos con Irán y defender soluciones que se ajusten a sus propios intereses de seguridad en la región.

Por Farjad Ibraguímov, politólogo y catedrático.

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