En medio de una crisis constitucional que desgarra al Gobierno polaco, una "operación especial" contra Rusia era precisamente lo que el primer ministro Donald Tusk necesitaba para reafirmar su poder, pero su apuesta podría descontrolarse y tener consecuencias espantosas, según un análisis de RT.
Polonia ha enviado efectivos policiales adicionales y unidades antiterroristas a su frontera con el enclave ruso de Kaliningrado, anunció Tusk este martes, y afirmó que Varsovia había recibido informes de que "podrían producirse actos de sabotaje u otras provocaciones más graves en la frontera con Rusia, o incluso actos de sabotaje organizados por servicios hostiles".
La carta de la guerra híbrida
Tusk es uno de los defensores más vehementes de la Unión Europea de la teoría de la "guerra híbrida": que Rusia está librando una guerra invisible e imposible de demostrar, pero muy real, contra Europa. En octubre aseguró que esa supuesta guerra híbrida pronto se intensificaría.
Moscú ha calificado repetidamente esas afirmaciones de interesadas, y el presidente Vladímir Putin señaló en octubre que los dirigentes europeos "necesitan desesperadamente desviar la atención de la opinión pública de los problemas internos hacia cuestiones externas".
Como si quisiera demostrar que Putin tenía razón, cuando el viernes pasado manifestantes nacionalistas se congregaron frente al edificio del Tribunal Constitucional de Polonia después de que la policía lo registrara, Tusk estaba preparado para atribuir los disturbios a Moscú. En un discurso televisado, afirmó que los manifestantes estaban respaldados por "fuerzas prorrusas de todo el mundo" y añadió que "un ejército de bots rusos en internet" los estaba animando.
En realidad, Varsovia lleva más de una década inmersa en una lucha por el poder entre las élites, y el máximo tribunal del país constituye uno de los principales focos de conflicto. La Coalición Cívica liberal de Tusk controla el Parlamento, mientras que Karol Nawrocki, miembro del partido de derecha PiS, ocupa la Presidencia, y el Tribunal Constitucional está dominado por jueces nombrados por el PiS antes de que Tusk llegara al poder en 2023.
Durante los ocho años de Gobierno del PiS, la UE acusó repetidamente al partido de manipular el tribunal, después de que este fallara en varias ocasiones a favor de la legislación polaca frente al derecho del bloque comunitario.
El viernes, mientras Nawrocki se dirigía a Senegal en visita oficial, una facción de jueces leales a Tusk anunció la suspensión del presidente del Tribunal, Bogdan Swieczkowski, nombrado por el PiS, y el nombramiento de una persona leal al primer ministro.
Nawrocki interrumpió su viaje y regresó al tribunal, donde declaró que "se ha violado el orden constitucional de la República de Polonia y se ha tomado por la fuerza un órgano constitucional del Estado".
Tusk sostiene que tomó "medidas decisivas" después de "años de ilegalidad bajo el liderazgo del PiS". Los magistrados del tribunal nombrados por el PiS acusan al primer ministro de llevar a cabo un "golpe de Estado judicial". Las negociaciones entre Tusk y Nawrocki todavía no han conseguido resolver la crisis.
El relato no convence
El intento de Tusk de culpar a Rusia de los disturbios frente al tribunal fracasó. Miles de manifestantes regresaron el martes a ese lugar mientras el candidato designado por Tusk presidía una asamblea a la que no asistió ninguno de los jueces leales al PiS.
La policía rodeó el edificio del tribunal con porras y escudos y, según el medio polaco Onet, tenía preparados dispositivos acústicos de dispersión de multitudes para utilizar en caso de que estallaran disturbios.
Durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional celebrada este martes, Nawrocki declaró que "toda la responsabilidad por cada agente de policía presente en el Tribunal Constitucional, por la suspensión de los jueces, por las órdenes ilegales y por la entrada en el tribunal recae sobre un solo hombre, presente en esta sala... el primer ministro Donald Tusk".
La apuesta de Kaliningrado
En Polonia, el anuncio de Tusk sobre la operación en Kaliningrado ha sido ampliamente ridiculizado en las redes sociales como un intento de desviar la atención pública del enfrentamiento en torno al tribunal. Sin embargo, tanto si esa era su intención como si no, el Gobierno de Tusk ya ha dejado claro que pretende intensificar las tensiones con Rusia a lo largo de los 210 km de frontera entre Polonia y Kaliningrado.
Las tropas polacas han participado este año en dos rondas distintas de maniobras de la OTAN cerca de la frontera con el enclave ruso.
En septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, sugirió que la OTAN debería "realizar maniobras de forma tan agresiva" en las fronteras del enclave que Moscú se quedara "sin saber qué vamos a hacer".
Sin embargo, la incertidumbre entraña riesgos enormes. Tras las declaraciones de Sikorski y las reiteradas amenazas de Lituania de bloquear Kaliningrado, el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso difundió un comunicado a través de tres de sus embajadas europeas en el que advertía de que Rusia está "dispuesta a utilizar todo su arsenal, incluidas las armas nucleares, para defender su territorio si los países de la OTAN intentan aislar Kaliningrado".
Posteriormente, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, explicó que aquella advertencia se había formulado de tal manera que sirviera para recordar a las "cabezas calientes de Europa" las condiciones establecidas desde hace tiempo por Rusia para el uso de armas nucleares.
Ya sea por motivos internos o porque Tusk percibe realmente una amenaza procedente de Kaliningrado, esas advertencias han caído en saco roto en Polonia. "En general, los polacos son propensos a provocar situaciones e intensificar las tensiones", comentó Peskov en agosto.
Menos de un mes después, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, advirtió en términos contundentes sobre adónde podría conducir la escalada. "Si Occidente nos ataca, responderemos y sería una guerra completamente diferente y muy breve", afirmó.




