De cara a las elecciones de mitad mandato en EE.UU., la congresista demócrata Haley Stevens dinamitó a su propio partido el 1 de noviembre al respaldar al republicano Mike Rogers, candidato del Partido Republicano al Senado por el estado de Míchigan, desatando una tormenta política en uno de los estados que puede decidir quién controla la Cámara Alta de EE.UU.
Raíces de la ruptura
De acuerdo con AP, en agosto, Haley Stevens perdió las primarias de su partido al Senado —las elecciones internas para elegir al candidato demócrata— frente a Abdul el Sayed por un margen mínimo. Durante los meses siguientes, la tensión entre ambos no desapareció y se vio agravada por sus posturas divergentes sobre Israel: mientras Stevens se mantuvo firmemente proisraelí, El Sayed se situó entre los críticos más duros de la ayuda estadounidense al país hebreo.
Tras las primarias, Stevens respaldó a El Sayed. El pasado 30 de octubre, recoge The New York Times, Stevens pidió que El Sayed condenara un anuncio elaborado por Rebellion PAC, un grupo de izquierda que lo apoyó, al que consideraba antisemita por culpar al patrocinio de Washington a Tel Aviv de los altos precios de los alimentos. También lo instó a pedir disculpas por comentarios previos sobre Israel y exigió que retirara un anuncio de su campaña con el periodista estadounidense Tucker Carlson.
La campaña de El Sayed ya había aclarado que el anuncio no estaba "afiliado de ninguna manera" a su candidatura, pero la política insistió: "Un descargo de responsabilidad no es una condena". Ante ello, su copartidario respondió: "Así que mientras la congresista Stevens parece empeñada en reabrir una primaria que terminó hace tres meses, centrémonos todos en la tarea que tenemos entre manos".
Mientras tanto, el pasado 31 de octubre, El Sayed dijo a los periodistas que no quería "distracciones" y dejó claro que no deseaba que su compañera apareciera con él en el acto de unidad del partido previsto para el día siguiente en una iglesia de Detroit. Por tanto, ya el 1 de noviembre, Stevens decidió acudir a otra iglesia junto al republicano Mike Rogers. "Abdul dejó muy claro que yo no era bienvenida en su campaña, que no me necesitaba allí, que no me quería allí", expresó.
El video que rompió todo
La ruptura quedó definitivamente expuesta cuando Haley Stevens publicó un video en X, en el que anunció su apoyo a Mike Rogers. "Hola, Míchigan. Como habrán visto, nuestro candidato demócrata para el Senado de EE.UU., Abdul, dijo que ya no era bienvenida en su campaña y que debía mantenerme alejada. Y tiene razón. Por eso estoy apoyando hoy a Mike Rogers para el Senado de Estados Unidos. No pertenezco a la campaña de Abdul", declaró.
Al mismo tiempo, Stevens recalcó que sigue siendo "una demócrata muy orgullosa". "Sigo creyendo firmemente en todo por lo que voté y dije. He trabajado muy duro y continuaré haciéndolo en todas las formas que las oportunidades de la vida me ofrezcan", añadió. Posteriormente, en declaraciones recogidas por AP, aseguró: "Me quito un peso de encima, estoy siendo sincera con todos".
El terremoto demócrata
El gesto de Stevens provocó una fuerte sacudida dentro del Partido Demócrata. Según Axios, en privado comenzaron a circular llamados para apartarla del caucus demócrata de la Cámara de Representantes, y varios legisladores la eliminaron de cadenas internas de mensajes. El reporte subraya que se trataría de un paso extraordinario, reflejo del profundo resentimiento interno que su decisión ha despertado dentro de su propio partido.
La congresista Lateefah Simon, demócrata por California, llegó a declarar al medio: "Espero que no vuelva a trabajar el martes [el día de las elecciones]", mientras que Emily Randall, demócrata por el estado de Washington, afirmó que apoyaría su expulsión del grupo parlamentario.
Sin embargo, no todos dentro del partido comparten tal postura. Un alto funcionario demócrata de la Cámara sostuvo que, como mínimo, la discusión sobre una posible expulsión debería abordarse después de la jornada electoral. Otro legislador consideró que, aunque era "una lástima" que Stevens haya decidido "tirar su carrera en el Congreso tan fácilmente", el caucus todavía podría necesitar su voto en los dos últimos meses antes de su salida. Además, varios demócratas señalaron que la política dejará de todos modos su escaño y que, si El Sayed gana, la polémica podría perder relevancia con rapidez.
Frente a esa tormenta interna, El Sayed optó por marcar distancia. Según sus declaraciones, no quería permitir que la controversia desviara la atención de la recta final de la campaña. "Al final del día, yo ni siquiera estoy pensando en Haley Stevens", declaró a la prensa, añadiendo que "nada de esto importa".
Respaldo de Trump
La decisión de Stevens fue bien recibida por los republicanos y, en particular, por el presidente Donald Trump, que reaccionó públicamente frente a su respaldo a Mike Rogers. En un mensaje difundido en Truth Social, el mandatario celebró el paso de la congresista demócrata y la presentó como un acto de valentía. "Dijo lo que pocas personas están dispuestas a decir", señaló el jefe de Estado, asegurando que la legisladora mostró una "lealtad enorme y casi sin precedentes" hacia el pueblo de Míchigan.
Asimismo, el líder de EE.UU. declaró que le "encantaría tenerla" en el Partido Republicano. "Creo que fue muy valiente al hacerlo. Y lo hizo por el pueblo de Míchigan. Y le tengo un gran respeto. No la conozco. Nunca la he conocido. Pero le tengo un gran respeto, eso se lo digo", enfatizó.
Batalla por el Senado
Pero el impacto político del gesto de Stevens va mucho más allá de un simple choque personal dentro de su partido. En estas elecciones, el control del Senado está en juego. Actualmente, los republicanos parten con una mayoría de 53 escaños frente a 47 de los demócratas, por lo que estos últimos necesitan no solo conservar todos los escaños que ya tienen, sino también conquistar otros cuatro adicionales en un mapa electoral que, de acuerdo con NBC News, resulta más favorable para los republicanos.
En ese contexto, Míchigan ocupaba una posición especialmente delicada, ya que es uno de pocos 'estados indecisos' ('swing states') que ya estaba en manos demócratas: antes de que estallara la disputa interna del fin de semana, el candidato demócrata en ese estado mantenía una ventaja en los sondeos.
De este modo, la ruptura definitiva entre Stevens y El Sayed ha dejado a los demócratas ante una crisis tanto incómoda como potencialmente costosa en una contienda que, según The New York Times, representa la mejor oportunidad de los republicanos para arrebatarles un escaño en el Senado.