Europa ha empezado a moverse con urgencia al constatar que su papel en las negociaciones sobre el conflicto ucraniano se debilita y que las decisiones clave se toman cada vez más al margen de sus capitales. La última señal llegó este 27 de octubre, cuando el presidente finlandés, Alexander Stubb, y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, conversaron por teléfono con Vladímir Putin sobre el conflicto y las posibles vías para resolverlo.
Por un lado, en Bruselas aumenta el temor a que una futura reunión entre EE.UU., Rusia y China —que podría tener lugar en noviembre, al margen de la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Shenzhen— pueda abordar la seguridad europea sin presencia efectiva del bloque. De ahí que la UE intente empujar cualquier negociación hacia un marco más amplio, para evitar quedar relegada mientras otras potencias redibujan el mapa de seguridad del continente.
Al mismo tiempo, como señala Politico, las preocupaciones y las urgencias cundieron en Europa después de la visita a Rusia del enviado presidencial estadounidense, Steve Witkoff. Fue después de ese viaje cuando se conoció sobre una cumbre tripartita entre Rusia, Ucrania y EE.UU. Aunque Moscú no ha descartado por completo una eventual participación europea en los debates de seguridad, el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, dejó claro que la reunión prevista en Abu Dabi, también para noviembre, "se celebrará en formato trilateral".
Europa empieza a cambiar de chaqueta
Mientras la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, insiste en que Europa debe presionar a Moscú y no a Ucrania, en la UE se escuchan cada vez más voces con un tono algo distinto, escribe Matthew Blackburn, investigador sénior del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales.
Según señala el experto, ese cambio se hizo visible durante la reciente reunión celebrada en Oslo, donde varios dirigentes europeos recurrieron a un lenguaje mucho más orientado a la negociación y a la necesidad de preparar un final diplomático para el conflicto.
Así, durante la conferencia de prensa el primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, subrayó que "Europa tiene que estar en la mesa" para garantizar una "paz duradera". A su vez, el presidente finlandés, Alexander Stubb, defendió en otra ocasión la necesidad de mantener "cabezas más frías" y advirtió que una "mentalidad de guerra" haría casi imposible imaginar la paz. Según Blackburn, Noruega y Finlandia ofrecen a Europa un lenguaje de diplomacia paciente para reemplazar la retórica maximalista.
Este giro, según el analista, se aprecia aún más en las palabras del ministro de Exteriores noruego, Espen Barth Eide. En el Foro de Seguridad de Varsovia, evitó la habitual dicotomía entre la victoria total de Ucrania y su rendición y defendió que los europeos, si son quienes ahora financian el conflicto, también deberían asumir el liderazgo diplomático para ponerle fin. Asimismo, llegó a sugerir que un eventual acuerdo podría asegurar a Ucrania como un Estado democrático e independiente, integrado en la Unión Europea y con el 80 % de su territorio original.
En cuanto a las relaciones con Moscú, Eide admitió en una entrevista: "A largo plazo, necesitamos volver a una relación normal con Rusia después de la guerra [...] algún tipo de orden debe ser restaurado".
¿A quién llamar en Europa?
Con la creciente preocupación de que el presidente de EE.UU., Donald Trump, no actúe ya en línea con los intereses europeos, Europa busca a sus propios representantes. Según fuentes diplomáticas citadas por The Telegraph, entre las personalidades que se barajan figuran la primera ministra italiana, Giorgia Meloni; el presidente finlandés, Alexander Stubb; el presidente checo, Petr Pavel; la primera ministra danesa, Mette Frederiksen; y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Store.
"Lo que Europa ha aprendido es que primero debe haber un consenso de que necesitamos negociar con los rusos", dijo una fuente familiarizada con las conversaciones. "En segundo lugar, debe haber un consenso sobre cuál es esa posición", añadió.
Conforme a medios alemanes, Stubb se perfila como una de las opciones más viables gracias a su buena relación con el mandatario estadounidense, lo que podría facilitar el acercamiento de los intereses de seguridad europeos a Washington y reducir los malentendidos entre Trump, Zelenski y los aliados europeos.
La llamada de este martes con Putin refuerza ese perfil, aunque Stubb y Store participaron en ella "en calidad de líderes de sus respectivos países y no hablaron en nombre de toda Europa". Su decisión desató las críticas de sus vecinos, quienes, a diferencia de los líderes finlandés y noruego, siguen aferrados a una retórica maximalista que apenas tiene en cuenta la realidad sobre el terreno.
Putin habla con los líderes de Noruega y Finlandia: ¿qué temas abordaron?
Moscú escucha, pero no espera mucho
Consultado sobre una eventual participación de Stubb, Dmitri Peskov condicionó el visto bueno de Moscú a la actitud que adopte el mandatario. "Si él puede hacer un aporte constructivo, entonces esto se puede valorar positivamente. Si no, si solo puede repetir la postura general europea, difícilmente esto podrá convertirse en una contribución constructiva", puntualizó.
En la misma línea, el viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Alexánder Grushkó, dejó claro que para la Federación de Rusia no es fundamental la personalidad del negociador por parte de Europa, dado que lo principal es su posición negociadora.
Bruselas, en la sala de espera
De acuerdo con el politólogo ruso Pável Selezniov, decano de la Facultad de Relaciones Económicas Internacionales de la Universidad Financiera del Gobierno ruso, el principal objetivo de Bruselas no es acercar una solución negociada, sino frenar cualquier acuerdo que acerque la paz. "La principal tarea de Bruselas es oponerse al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y evitar los acuerdos que acercan la paz y dan garantías a Rusia", valoró el experto.
Al mismo tiempo, tras la conversación de los líderes europeos con Putin, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó que Moscú no percibe por ahora ningún cambio de enfoque.
"Por ahora no vemos un cambio en el enfoque de Europa, que aprueba documento tras documento, hace discurso tras discurso y declaración tras declaración condenando a Rusia y exigiendo poner fin a la agresión, ignorando por completo cómo empezó todo esto", señaló, subrayando que en la conversación no se dijo "nada nuevo".
En esa lógica, Selezniov considera que Bruselas difícilmente será invitada a la mesa de negociaciones en esta fase. "Trump quiere aprovechar la situación para fastidiar a los euroatlánticos y desplazar de la nueva configuración mundial al Londres global, que dirige los entresijos europeos", considera el politólogo.
En cambio, el politólogo Vadim Trujachov cree que, en su estado actual, la Unión Europea sí puede convertirse en una parte autónoma de las futuras negociaciones, por lo que no conviene subestimarla. Como destaca, Bruselas sigue siendo el principal patrocinador de Ucrania y el conflicto se desarrolla junto a sus fronteras.
En cuanto a la configuración de la delegación europea, Trujachov cree que no se tratará de una sola figura, sino de un equipo. "Lo más probable es que sea un grupo: el secretario general de la OTAN, Mark Rutte; el presidente de Finlandia, Stubb; el presidente del Consejo Europeo, António Costa; el presidente checo, Pavel; y quizá el primer ministro de Canadá, Mark Carney, por la parte anglosajona", plantea.