El País Vasco, una de las comunidades autónomas que más impulsó el desarrollo industrial de España, atraviesa una crisis que le ha hecho perder oxígeno ante el volátil escenario internacional.
Pese a que el Fondo Monetario Internacional (FMI) elevó a 2,5 % el pronóstico de crecimiento para España, un indicador que lo pone a la cabeza de las economías desarrolladas, lo cierto es que el dinamismo no arropa por igual a todo el país.
En el caso del País Vasco, los principales desafíos tienen que ver con la creciente competencia de China, que ejerce presión sobre los renglones más importantes del sector industrial, especialmente la siderurgia, la automoción y la fabricación avanzada.
Viejo bastión
En la comarca vasca de Álava, donde varias generaciones vivieron del vidrio, del acero y de la madera, localidades como Llodio se enfrentan a un panorama que habla del ocaso de esa época. Los cierres, las deslocalizaciones y la reducción de plantillas se han convertido en moneda corriente.
En Tubos Reunidos, una empresa histórica de la siderurgia vasca, la situación es crítica. La firma enfrenta importantes deudas y, ante ello, quiere despedir a parte de sus empleados, lo que ha provocado la huelga indefinida de sus trabajadores.
En el caso del País Vasco, los principales desafíos tienen que ver con la creciente competencia de China, que ejerce presión sobre los renglones más importantes del sector industrial, especialmente la siderurgia, la automoción y la fabricación avanzada.
El contexto geopolítico no ha ayudado, ya que cerca de la mitad de la ventas de la empresa se destinaban a EE.UU., una situación que dio un inesperado vuelco cuando el presidente de ese país, Donald Trump, elevó los aranceles del acero al 50 %.
"En estos momentos mi preocupación es que se cierre la acería y que se externalice la logística porque va a poner en riesgo el futuro de la empresa", declaró a RT Mikel Oribe, trabajador de Tubos Reunidos. Pero la crisis no se limita al contexto español, ya que el bache industrial en Alemania —alimentado por los altos costes energéticos y la competencia de los vehículos chinos— también lastra al País Vasco.
"El hachazo gordo esta llegando ahora. No se recuerda algo así. No ha habido nada igual como esta época actual", refiere por su parte Aitor Merino, un extrabajador de Glavista que vio cómo la compañía donde laboraba tuvo que cerrar en medio de un pleito judicial. Cuanto más baja es la venta de coches en Alemania, menos piezas se producen en esa zona del norte de España.
Efecto dominó
La alcaldesa de Llodio, Ainize Gastaka, reconoce que el ocaso del sector industrial también tiene consecuencias directas sobre la vida de los habitantes de la región: la merma de ingresos repercute en la hostelería, los comercios y el ánimo de la ciudad. El efecto dominó es evidente.
Según datos oficiales, desde la crisis de 2008, casi uno de cada cinco trabajadores siderúrgicos se ha visto obligado a abandonar su empleo. Sin embargo, muchos de los que siguen en el sector se mantienen movilizados para defender sus derechos y evitar despidos, gracias al fondo económico que tienen los sindicatos.
"Una huelga sin caja de resistencia la podría aguantar una o dos meses, pero evidentemente, 215 días sin una caja de resistencia, pocas familias podrían aguantarlo", explica José García, trabajador del sector maderero, para detallar la importancia de los fondos sindicales para mantenerse en pie de lucha.

