El salto del diésel sacude a Europa: todo sobre la crisis del combustible

La región depende de una cadena internacional en la que confluyen Rusia, Oriente Medio, Estados Unidos y rutas marítimas estratégicas.
Resumen generado por IA
  • El precio del diésel en Europa alcanzó un récord histórico de 2,23 euros por litro, y en el Reino Unido llegó a 199,18 peniques por litro, superando el máximo de 2022.
  • Las exportaciones de productos refinados del Golfo cayeron casi un 60 % respecto a febrero, y las de diésel de Rusia y el Golfo están 1,6 millones de barriles diarios por debajo de ese mes.
  • Trump evalúa prohibir las exportaciones estadounidenses de diésel; Goldman Sachs estima que cada semana de veto subiría los precios mayoristas en Europa unos 3 dólares por barril.

El mercado europeo del diésel atraviesa uno de los episodios de mayor tensión de los últimos años. El precio del combustible ha escalado con rapidez hasta alcanzar niveles récord en los mercados europeos, mientras una combinación de conflictos militares, interrupciones del suministro y decisiones políticas amenaza con prolongar la presión sobre consumidores y empresas.

Diésel al alza

En el Reino Unido, el diésel llegó este lunes a 199,18 peniques (2,64 dólares) por litro, por encima del anterior récord registrado en el 2022.

El último análisis del Weekly Oil Bulletin de la Comisión Europea, que registra de forma periódica los precios de los carburantes en los surtidores de los países miembros, situó el precio medio minorista del diésel en un récord histórico de 2,23 euros por litro, reflejando el impacto directo de las tensiones geopolíticas y la crisis de suministro en los consumidores finales.

Paralelamente, los precios del mercado mayorista también escalaron a niveles nunca antes vistos, alcanzando los 1.642,25 dólares por tonelada métrica el 15 de septiembre para los cargamentos de diésel de 10 ppm ultra bajo en azufre entregados en el noroeste de Europa. De acuerdo con los registros de S&P Global Energy (Platts), esta cotización representa el precio más alto documentado desde que se inició esta evaluación energética en el año 2007.

¿A qué se debe la crisis?

El problema no se limita únicamente al precio del petróleo. El cuello de botella se encuentra cada vez más en la capacidad mundial de refinar crudo y convertirlo en diésel, gasóleo y otros refinados. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que los precios de los productos refinados han aumentado mucho más que los del crudo, mientras los márgenes de las refinerías del Atlántico han alcanzado niveles récord.

Uno de los principales factores detrás de esta situación es la guerra de Estados Unidos contra Irán y las interrupciones provocadas en las rutas de suministro de Oriente Medio. La AIE calcula que las exportaciones de productos refinados y GLP (gas licuado de petróleo) de los países del Golfo se redujeron casi un 60 % respecto a los niveles de febrero, mientras el tránsito por el estrecho de Ormuz continúa severamente limitado.

El efecto sobre el diésel es especialmente fuerte porque el combustible depende de una cadena internacional mucho más ajustada que la del petróleo crudo. No basta con disponer de barriles de petróleo: hay que tener refinerías operativas, capacidad de conversión, almacenamiento, transporte marítimo y rutas comerciales abiertas. Cuando varios de estos elementos fallan a la vez, cualquier interrupción adicional tiene un efecto desproporcionado sobre el precio final.

A esta presión se suman las agresiones del régimen de Kiev con su campaña de ataques contra el interior de Rusia, dirigidas contra instalaciones energéticas, de transporte y otras infraestructuras civiles. Las refinerías rusas han sido objeto de una campaña cada vez más intensa de ataques ucranianos con drones, a pesar de que hasta Donald Trump instó a Vladímir Zelenski a que deje de atacarlas con tanta intensidad.

El mandatario estadounidense subrayó que los ataques ucranianos están generando "un problema mundial", ya que es en Rusia donde "se hace gran parte del refinado", y los daños a estas instalaciones están afectando al mercado energético a nivel global, más allá de la crisis en Oriente Medio.

Según estimaciones de la AIE, los precios europeos del diésel se encuentran entre los más afectados por este endurecimiento del mercado. 

La coincidencia temporal entre los ataques ucranianos a las refinerías rusas y la crisis de Oriente Medio amplifica el efecto. En agosto, las exportaciones combinadas de diésel de Rusia, que ha sido históricamente uno de los grandes proveedores mundiales de productos refinados, y los países del Golfo se encontraban 1,6 millones de barriles diarios por debajo de los niveles de febrero, cuando estas regiones representaban cerca del 45 % del comercio marítimo mundial de diésel y gasóleo.

Es precisamente esta combinación la que explica por qué el precio del diésel está aumentando más rápidamente que el del crudo: el mercado ha pasado de preocuparse principalmente por la disponibilidad del petróleo a enfrentarse a una escasez de la capacidad de refino.

Europa, particularmente vulnerable

Europa se encuentra particularmente expuesta a este fenómeno debido a la estructura de su parque automovilístico y de su sistema de transporte. El continente consume enormes cantidades de diésel para transporte de mercancías, agricultura, construcción e industria y, al mismo tiempo, depende de importaciones para cubrir parte de sus necesidades.

Eso convierte al diésel en algo más que un combustible para automóviles. Un camión que paga más por cada litro aumenta el coste del transporte, una empresa agrícola afronta mayores gastos de maquinaria, una compañía logística paga más por cada trayecto. Finalmente, esos costes pueden trasladarse a los precios de alimentos, productos industriales y servicios.

Estados Unidos, otro gran riesgo

Además, la región enfrenta otro gran riesgo: Estados Unidos. Washington se ha convertido en una de las principales fuentes alternativas de diésel para el mercado internacional precisamente cuando Rusia y Oriente Medio están reduciendo sus suministros. En el tercer trimestre del 2026, EE.UU. se encaminaba a enviar alrededor de 360.000 barriles diarios de diésel a Europa, frente a unos 250.000 antes de la guerra, según datos de S&P Global Commodities at Sea citados por Shipping Herald.

Por eso las declaraciones de Trump sobre una posible prohibición de las exportaciones estadounidenses provocaron una nueva ola de preocupación. El presidente ha dicho que la Administración estudia seriamente esa posibilidad en un momento en que el precio del diésel en EE.UU. ha superado los 6,50 dólares por galón.

La lógica de la medida sería sencilla: retener una mayor cantidad de diésel dentro de EE.UU. podría aumentar la oferta doméstica y contribuir a reducir los precios estadounidenses. Pero esa misma decisión retiraría del mercado internacional uno de sus principales suministros precisamente cuando la oferta mundial ya está sometida a una fuerte presión.

El propio mercado estadounidense, entretanto, tampoco está seguro de que la prohibición surta el efecto deseado. Un eventual veto a las exportaciones de diésel podría provocar inicialmente una caída moderada de los precios del combustible a nivel nacional, pero sus efectos se volverían más disruptivos cuanto más tiempo permanecieran vigentes las restricciones, según un reciente análisis de Goldman Sachs.

El sombrío pronóstico sobre el combustible si EE.UU. limita las exportaciones de diésel

El banco estima que cada semana de una prohibición estadounidense podría incrementar en unos 3 dólares por barril los precios mayoristas del diésel en Europa, un aumento de casi el 2 %. La amenaza resulta particularmente significativa porque EE.UU. es actualmente el mayor exportador mundial de diésel.

Benedict George, responsable de fijación de precios de productos europeos en Argus Media, comentó a CNBC que cualquier tipo de restricción estadounidense a las exportaciones de diésel probablemente llevaría los precios europeos y las primas respecto al crudo "a un nuevo nivel sin precedentes". Recordó también que EE.UU. ha suministrado aproximadamente la mitad de las importaciones de diésel de Europa en los últimos meses.