La población de Taiwán podría reducirse casi un 48 % entre 2026 y 2075 y caer hasta los 12,15 millones de habitantes, según una proyección del Consejo Nacional de Desarrollo (NDC) difundida por la agencia CNA. El organismo prevé que la baja natalidad y el rápido envejecimiento transformen profundamente la estructura demográfica de la isla.
Según el informe, la población bajará de los 20 millones por primera vez desde 1989 en 2045, situándose en 19,98 millones. Para entonces, los menores de 15 años representarán solo el 5,2 % del total, mientras los mayores de 65 años alcanzarán el 37 %. En 2075, esas proporciones serán del 4,8 % y del 52,9 %, respectivamente.
Menos trabajadores y menos nacimientos
El impacto será especialmente visible en el mercado laboral. Para 2075, la población en edad de trabajar se reducirá en un 67 %, mientras el peso de los trabajadores de mayor edad seguirá creciendo.
La baja natalidad refuerza esta tendencia. En 2025, Taiwán registró apenas 107.812 nacimientos, el nivel más bajo hasta ahora y el décimo descenso anual consecutivo. El NDC prevé que la cifra vuelva a caer este año.
La tendencia global
La humanidad probablemente se encuentra por primera vez en la historia por debajo del nivel de fecundidad necesario para mantener estable la población a largo plazo. Así lo afirman los economistas Jesús Fernández-Villaverde y Patrick Norrick en su trabajo Terra Incognita: The Economics of a Shrinking World. Los autores analizaron datos de 236 países y territorios desde 1950 y detectaron una tendencia descendente de la fecundidad en 219 de ellos, sin señales de estabilización dentro del periodo estudiado.
Esto no significa que la población mundial vaya a disminuir de inmediato. Debido a la inercia demográfica, podría seguir creciendo durante unos 30 años y, si las tendencias actuales no cambian, alcanzar un máximo de unos 9.000 millones de personas hacia 2056 antes de comenzar a reducirse, primero lentamente y después con mayor rapidez.
- Taiwán se autogobierna desde 1949, sin embargo, la mayoría de los países, incluida Rusia, reconocen a la isla como parte integral de la República Popular China. Pese a este reconocimiento, EE.UU. vende armas a la isla y realiza, junto con otros países de la OTAN, ejercicios militares regulares, lo que Pekín denuncia como una injerencia en los asuntos internos de China.
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