Cada vez son más las empresas alemanas que cierran debido a las condiciones económicas adversas y al envejecimiento poblacional, informa Bloomberg.
"El renovado aumento en el número de cierres de negocios muestra que la presión sobre la economía alemana para adaptarse ha seguido aumentando", subraya Sandra Gottschalk, investigadora del Centro de Investigación Económica Europea de Leibniz.
En 2025, unas 190.000 compañías dejaron de operar, lo que representa un 10 % más que en 2024. Dicha tendencia se observa tanto en la industria como en el sector de la salud y la hostelería.
Asimismo, varias de esas empresas cerraron debido a la escasez de personal cualificado y a los altos costos. Según la publicación, muchos negocios son "perfectamente viables" pero cesan sus actividades porque sus propietarios se jubilan y no encuentran sucesores.
La situación deja en evidencia el profundo impacto de la crisis económica en Alemania con años de estancamiento y continuos contratiempos que han llevado al Gobierno de Merz a impulsar paquetes de gastos masivos y reformas, señala el medio.
Industria automotriz en caída libre
El sector automovilístico en Alemania, uno de los principales del país, ha sido uno de los más afectados en los últimos años, registrando mínimos históricos. Al cierre del primer semestre de 2026, el sector contaba con 42.300 trabajadores menos que un año antes, lo que representa una caída del 5,8 %, la mayor caída entre todos los principales sectores industriales. El ámbito automotriz cuenta actualmente con 691.500 trabajadores, el nivel mínimo desde el 2005.
Algunos de los factores que más han influido en el panorama para los fabricantes han sido la competencia de fabricantes chinos, el auge de la demanda de vehículos eléctricos y el rechazo de Berlín a la energía rusa.
El precio de decir adiós a la energía rusa barata
Tras su boicot a los tradicionales flujos energéticos procedentes de Rusia, los alemanes han incrementado su dependencia de alternativas más costosas, entre ellas el gas natural licuado importado desde Estados Unidos.
La fabricación de automóviles requiere enormes cantidades de energía, especialmente para producir acero, aluminio, productos químicos y baterías. Como consecuencia, el encarecimiento energético ha repercutido sobre toda la cadena de suministro, elevando el coste final de los vehículos y reduciendo los márgenes de beneficio de los fabricantes.
Esta tendencia afecta a muchas marcas de automóviles conocidas, entre ellas BMW, Porsche, Volkswagen, entre otras. Debido al aumento de la competencia y a la caída de los beneficios, se ven obligadas a llevar a cabo amplios recortes de plantilla.