El hombre de pueblo que engañó a la élite artística de Nueva York

El marchante, nacido en un humilde hogar en Galicia, creó una sofisticada trama de falsificación de obras de arte que le aportó ganancias millonarias.

Mientras que el círculo de compradores de arte y visitantes de las galerías más prestigiosas de Nueva York caía rendido a los pies de las supuestas millonarias obras de artistas contemporáneos, un hombre junto a su pareja sostenía una compleja trama de falsificaciones en un garaje en Queens donde un artista chino anónimo pintaba los cuadros.

Se trata de José Carlos Bergantiños Díaz, nacido en el seno de una familia humilde en Parga, perteneciente a la provincia de Lugo, en Galicia. Desde los nueve años comenzó a trabajar como camarero en el balneario de Pardiñas, en el municipio de Guitiriz. De allí pasó a ser mesero en Madrid, de donde partió hacia México con la promesa de ser parte de la cuadrilla de un torero que lo contrató.

En ese viaje, el joven se enfermó de disentería y conoció en un hospital del estado mexicano de Guanajuato a la enfermera Glafira Rosales, con quien empezó una relación. Esta mujer sería pieza clave de su imbricado sistema de falsificación de obras de arte, refiere Luzes.

El viaje apenas comienza

En los años 80, la pareja salió de México y pasó de forma irregular a EE.UU. La dupla se instaló inicialmente en Houston y luego llegó a Nueva York, el epicentro del jugoso negocio que les arrojaría ganancias de hasta 80 millones de dólares. Sin embargo, pasaría un tiempo para entrar de lleno en la arriesgada empresa.

En Nueva York, Bergantiños se movía en la cuerda floja entre lo lícito y lo ilícito. Llegó a comprar una ambulancia para repartir mariscos con el propósito de garantizar un servicio rápido entre las calles abarrotadas, sin que hubiera una urgencia real, según Vanity Fair.

En esa cotidianidad signada por las apariencias, se reencontró con el médico y pintor argentino Osvaldo Gomariz, quien lo introdujo en el mundo del arte, de las subastas y de las fiestas con artistas como Jean-Michel Basquiat y Keith Haring, relata El País.

Poco a poco, Bergantiños fue teniendo más contactos de la esfera artística. Esto hizo que se codeara con los marchantes, con gente de las casas de subastas y con el negocio de la venta de pinturas. Incluso hizo un taller de creación de empresas de venta de arte, lo que lo acercó mucho más a lo que pronto desarrollaría.

Un prometedor negocio

Con la idea de ganar dinero en el mundillo artístico, un hecho fortuito lo acercó al camino de la falsificación. Ocurrió cuando se topó en la calle con un pintor chino Pei-Shen Qian, a quien le dio 200 dólares para que le hiciera un cuadro. Esto marcó el inicio de su carrera delictiva.

El marchante español, junto a su hermano Jesús Ángel Bergantiños, decidió crear un convincente mundo de fantasía alrededor de las pinturas. Procuró buscar marcos de cuadros antiguos, envejecer los lienzos con té y aplicar calor para cuartear las superficies. 

En poco más de una década, el artista anónimo que había 'descubierto' pintó cuadros atribuidos a Robert Motherwell, Basquiat, Haring, Francisco Zúñiga, Jackson Pollock, Willem de Kooning y Mark Rothko.

Conforme a la investigación hecha por la Fiscalía estadounidense, Bergantiños le habría comprado casi 100 pinturas a Quian. Su cuadro atribuido a Pollock fue vendido por 17 millones de dólares.

Sin embargo, el artista chino aseguró que estaba fuera de esta trama de falsificación y que le pagaban 5.000 dólares por cada obra, sin que supiera que sus creaciones las hacían pasar por pinturas de artistas consagrados, recoge The Guardian.

La caída

Esta red de engaños logró envolver a la galería Knoedler & Co., la más antigua y prestigiosa de Nueva York. Su directora, Ann Freedman, vendió estas obras durante años hasta que, en 2011, un análisis de un equipo técnico reveló que los pigmentos utilizados no existían en la época en que supuestamente se pintaron los cuadros. El descubrimiento provocó el cierre del negocio.

Las inconsistencias tenían años llamando la atención entre algunos compradores, pero fue en 2013 cuando fue detenida Rosales, quien fungía como el rostro visible de la alianza fraudulenta. Entre los cargos en su contra estuvieron evasión de impuestos y blanqueo de capitales.

Finalmente, la colaboración con la Justicia permitió que la pareja de Bergantiños pasara de una pena inicial de 99 años de cárcel a noventa días de prisión domiciliaria y libertad bajo vigilancia. Las autoridades determinaron que el cerebro de las operaciones era el español.

Bergantiños huyó a España y fue finalmente detenido en 2014, al igual que su hermano. EE.UU. lo reclamaba por 11 cargos, pero la Audiencia Nacional del país europeo no autorizó su extradición a territorio estadounidense en 2016, por motivos de salud. Actualmente, el marchante se encuentra en su natal Lugo, en libertad, aunque la Justicia estadounidense lo sigue reclamando.

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